Desorden mundial

El inicio del año 2026 ha sido uno de los más sorprendentes que recuerdo. La cantidad de noticias ha sido tanta, que ha sido incluso difícil seguir el ritmo a lo que ocurre en el mundo. Esta tensión constante no es más que un reflejo del cambio de polaridad que experimenta el sistema internacional. Podemos decir, entonces, que entramos a la era del desorden mundial.

La historia reciente ha sido testigo de diferentes formas de equilibrio de poder en el sistema internacional, pasando por la era bipolar, donde las dos grandes potencias del momento -Estados Unidos y la Unión Soviética- disputaban la hegemonía global; la unipolaridad, donde Estados Unidos ejercía como única superpotencia dominante después del fin de la Guerra Fría; y, más recientemente, la multipolaridad, donde Estados Unidos comparte el trono mundial con China y Rusia, mientras que potencias emergentes adquieren mayor peso y protagonismo.

En esta nueva realidad, en la que la hegemonía de Estados Unidos es desafiada, Donald Trump ha decidido darle un golpe al tablero geopolítico.

Con la captura de Nicolás Maduro, las amenazas de hacerse con el control de Groenlandia, el reposicionamiento militar en el Caribe y Medio Oriente y la retórica desafiante y humillante hacia países latinoamericanos, europeos e incluso hacia Canadá, Trump está avisando al mundo que el orden internacional basado en reglas ya no le sirve.

Ese orden internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial en el que, en teoría, las diferencias entre Estados debían resolverse bajo los preceptos del derecho internacional. Ese orden internacional en el que, al menos en lo retórico, los Estados respetaban la soberanía e independencia de otros Estados. Ese orden internacional liberal y democrático con predominancia de las instituciones multilaterales y la cooperación internacional está desapareciendo. O quizá ya lo hizo.

En este momento de la historia, la realidad es muy distinta. Transitamos de un mundo basado en reglas a uno donde únicamente importa la ley del más fuerte. Una selva peligrosa para los países pequeños, pues Naciones Unidas o el derecho internacional podrán defenderlos cuando los fuertes salgan de caza en la noche.

Esta nueva realidad es sin duda un retroceso en la historia. Distintos analistas ya mencionan que nuestro mundo va encaminado hacia lo que fue el sistema internacional previo a la Primera Guerra Mundial, donde los imperios de la época repartían el planeta en zonas de influencia.

La Rusia revisionista de Vladimir Putin ya reclamó control sobre Europa oriental, en específico sobre Ucrania, en una guerra que este mes de febrero cumplirá cuatro años de duración. Los Estados Unidos de Trump, sin ningún tipo de tapujo, también está reclamando soberanía sobre su espacio vital bajo la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional y el renacimiento de la Doctrina Monroe.

¿Y China? ¿Qué hará China? ¿Realizará movimientos para controlar finalmente Taiwán? La respuesta es sí, eventualmente. China ha estipulado en documentos oficiales que para el año 2049, en el centenario de la Revolución China, será consumada la reunificación con Taiwán. Incluso Xi Jinping ha calificado este proceso de “imparable”.

¿Cómo reaccionará entonces Estados Unidos cuando sus intereses estratégicos sean amenazados por China? ¿Está Estados Unidos dispuesto a renunciar a su influencia en Asia oriental y abandonar la estrategia conocida como Pivot to Asia iniciada por la administración Obama? No lo creo.

En definitiva, estamos siendo testigos de un cambio profundo y cargado de incertidumbre e inestabilidad en el sistema internacional. La historia está siendo escrita frente a nuestros ojos y no podemos tener una actitud indiferente a ello.

Para entender hacia donde podría transitar el sistema internacional en las próximas décadas, recomiendo dar un vistazo al concepto conocido como Trampa de Tucídides, popularizado por el politólogo estadounidense Graham Allison, que describe el riesgo de una guerra cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante, tal como ocurrió entre Atenas y Esparta en la Guerra del Peloponeso. El libro se llama Destined for War: Can America and China Escape Thucydides’s Trap? Aunque también hay infinidad de artículos o videos en internet que lo explican a profundidad.

PD: Hace quince días participé en un conversatorio junto con el ex vicepresidente Pacho Santos, el ex director de Colombia Compra Eficiente Stalin Ballesteros y el abogado Ariel Quiroga, donde hablamos de la reciente crisis en Venezuela y las perspectivas a futuro para el vecino país.

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