Apreciados Magdalenenses
Bernardo Gaitán Mahecha fue un prestigioso abogado que ocupó importantes cargos públicos. Pero, más allá de su hoja de vida, lo que merece recordarse es su manera de acercarse al pueblo. Durante su paso como alcalde mayor de Bogotá, entre 1976 y 1978, el “Maestro”, como se le conocía, escribió todos los lunes una carta dirigida a los bogotanos. En esas líneas contaba los avances, los desafíos, las ilusiones y los tropiezos de su administración. Con una pluma honesta, convirtió la palabra en un puente entre el poder y la ciudadanía.
Esa imagen me ronda la cabeza este 31 de diciembre. Gaitán Mahecha entendió que ningún político puede darse el lujo de ser invisible. La política no es solo administrar; es comunicarse, dejarse ver, rendir cuentas, mirar a los ojos. Y pienso entonces en nuestro departamento, en lo poco que vemos, escuchamos o sentimos de quienes hoy nos gobiernan.
Nuestra política perdió nobleza. Se destiñó.
Muchos de los ideales que impulsaban a los líderes a servir hoy se negocian al mejor postor. Ya no se trata de unirnos por una causa común, sino de destruir a quien levanta una bandera distinta. La competencia no es de ideas, sino de egos y presupuestos.
Nos encontramos, tristemente, en el debate democrático más pobre de nuestra historia reciente. Un escenario tan árido que, si no hacemos una reflexión profunda ahora, al comenzar este año, la próxima contienda electoral no será una fiesta de la democracia, sino una carnicería política.
El 8 de marzo sabremos, como siempre, que todo se mueve por estructuras, cálculos e intereses. Pero no podemos permitir que los disfraces de Halloween que se están preparando para ese día sean más convincentes que nuestro criterio. No votemos por rostros, votemos por causas. No por discursos, sino por coherencia.
Aún hay esperanza. Solo hay que desempolvarla de la caja del olvido.
Y cuando la encontremos, no la dejemos guardada: pongámosla a trabajar. Porque este Magdalena, nuestro Magdalena, no necesita más promesas ni lamentos, sino el valor de volver a creer.




