Más de 200 mil millones de razones para elegir a Carlos Mario Farelo Daza.

Si bien es cierto que la función principal de un senador de la República de Colombia es legislar en favor del interés general —y que no es ordenador del gasto ni puede direccionar recursos de manera directa—, tampoco se puede desconocer la alta incidencia política que ejerce ante los ministerios y las distintas entidades descentralizadas del orden nacional.

Desde allí, los senadores tocan puertas, gestionan voluntades y acompañan proyectos de infraestructura, desarrollo social y crecimiento integral para los territorios y sus comunidades.

Guardando las proporciones, un senador frente al Gobierno Nacional cumple un rol similar al que desempeña un diputado frente a una gobernación o un concejal frente a una alcaldía. Esta comparación no alude al deber ser, sino a una realidad práctica del sistema político colombiano: muchas veces las oportunidades —o la falta de ellas— dependen de si el dirigente pertenece o no a la corriente política del mandatario de turno en cada nivel territorial.

Ejemplos claros de esta dinámica se observan en departamentos como Sucre y Córdoba, donde el desarrollo de infraestructura y el crecimiento territorial han avanzado de manera significativa gracias a la gestión de los senadores que allí se eligen. Las grandes obras se convierten en motores de empleo, dinamismo económico, crecimiento urbano y múltiples beneficios sociales que se activan cuando existe una articulación efectiva entre territorio y representación nacional.

En un escenario ideal, los senadores deberían trabajar con la misma intensidad por todas las regiones del país. Sin embargo, en la práctica, la gestión suele concentrarse en los territorios donde se encuentra su mayor fuerza electoral, que en muchos casos coincide con su lugar de nacimiento.

Bajo este contexto, me tomé el trabajo de analizar a los senadores que han sido elegidos y que nacieron en el departamento del Magdalena, con el objetivo de revisar su gestión y, especialmente, su impacto en sus territorios de origen.

Senadores nacidos en el Magdalena

(No incluye representantes a la Cámara)

Santa Marta: Honorio Henríquez Pinedo; Yezid Rafael García Abello; Luis Eduardo Vives Lacouture.
Ciénaga: Antonio Luis Zabaraín Guevara; Fabián Castillo Suárez.
Aracataca: Salomón de Jesús Saade Abdala.
Ariguaní: Carlos Mario Farelo Daza.

Tras este ejercicio, y revisando la información disponible, resulta evidente que el caso del senador Carlos Mario Farelo Daza es uno de los más sólidos cuando se habla de gestión territorial traducida en inversiones concretas para el departamento del Magdalena.

Si se realiza un balance únicamente sobre obras de infraestructura gestionadas ante entidades del orden nacional, el resultado es el siguiente:

Plato: construcción de placa huella en la vía terciaria hacia el corregimiento de Las Planadas.
Chibolo: construcción de placa huella y concreto rígido en las vías terciarias hacia los corregimientos de La Estrella y Pueblo Nuevo.
Nueva Granada: construcción del Parque SACÚDETE y canalización de arroyos.
Fundación: construcción de baterías sanitarias en la zona rural.
Algarrobo: construcción de placa huella en la vía terciaria del corregimiento de Tamarindo.
Ariguaní: construcción de placa huella y concreto rígido en cuatro vías rurales; construcción de un Parque SACÚDETE; construcción del Parque Paraíso; pavimentación de calles urbanas en el sector La Florida; canalización de arroyos; dragado del río Ariguaní y el megaproyecto de alcantarillado del municipio de El Difícil.

A esto se suma la gestión legislativa que permitió la ley conmemorativa de los 400 años del municipio de Plato, así como el proyecto de ley actualmente en trámite para declarar la Leyenda del Hombre Caimán y su festival como patrimonio cultural e inmaterial de la nación.

Si se observa este panorama con una lógica sencilla y desde el sentido común, puede afirmarse que, por primera vez, el Magdalena cuenta con un senador que ejerce un modelo de gestión territorial similar al que históricamente han aplicado los senadores de departamentos como Córdoba y Sucre.

Basta imaginar el impacto que tendría para el Magdalena si este nivel de gestión se replicara de manera sostenida con todos los senadores que se elijan con el respaldo electoral del departamento. Probablemente hoy hablaríamos de una infraestructura regional muy distinta.

Más de 200 mil millones de pesos han sido invertidos en seis municipios del Magdalena, de los cuales cerca de 100 mil millones se destinaron al municipio de Ariguaní, su tierra natal.

Algunos criticarán esta realidad; otros la valorarán. En cualquier caso, es una muestra clara del compromiso con su territorio y confirma un viejo adagio: “caridad bien entendida empieza por casa”.

En el ámbito nacional también se le ha visto legislar y debatir en defensa de la educación superior gratuita, de los aprendices del SENA —especialmente los provenientes de zonas rurales—, del sector ganadero y la exportación de ganado, así como en la defensa de ecosistemas estratégicos como las ciénagas de Zárate y Malibú, entre muchas otras iniciativas.

Es cierto que ha votado en contra de algunas propuestas del actual Gobierno Nacional, pero siempre explicando sus argumentos en función de lo que considera mejor para la gente. De eso se trata la democracia.

Antes de enlodar el nombre de alguien con afirmaciones amarillistas o difamatorias, es necesario conocer el contexto y el sentido de cada votación. No todo lo que propone un gobierno es necesariamente bueno o beneficioso. Siempre es necesario leer la letra pequeña.

Después de todo, ¿desde cuándo toda reforma que propone un gobierno debe ser aceptada sin objeción?

La democracia consiste precisamente en la posibilidad de participar políticamente sin pensar igual, más aún cuando se tiene una responsabilidad tan grande como la de ser congresista de la República.

Esta columna va dirigida especialmente a la gente de la provincia y del municipio de Ariguaní.

Evalúen con objetividad si los problemas estructurales de Colombia dependen exclusivamente de las decisiones de un senador. Y, con el mismo ejercicio de coherencia, pregúntense si vale la pena perder la oportunidad de elegir a un senador que gestiona para mejorar la calidad de vida en su territorio, por optar por uno foráneo cuyas prioridades estarán, inevitablemente, en su propia tierra.

No se dejen engañar por quienes hoy se colocan un suéter político de ocasión, motivados únicamente por dinero o promesas de cargos. Son, casi siempre, los mismos que poco o nada han aportado al desarrollo colectivo de la región.

Electores de la provincia: ustedes son libres de elegir. Esa es la esencia de la democracia.

Pero también tienen en sus manos la posibilidad de garantizar que los beneficios lleguen directamente a su territorio, o permitir que las pequeñas, medianas y grandes obras sigan pasando de largo hacia otros departamentos.

Yo ya tomé mi decisión.

Yo voto por Carlos Mario Farelo Daza al Senado de la República.
Cambio Radical. Número 4

Por: Luis Cantillo Peñaranda

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